I Encuentro Día Internacional del Perro Guía

Aunque ya ha pasado casi un mes de aquel día, aquí os traigo un pequeño montaje que he realizado de la celebración del primer encuentro del Día Internacional del Perro Guía que tuvo lugar en Elche el 28 de abril.

Es mi primer audio y confieso que me ha llevado tiempo y esfuerzo, no sólo en realizar el montaje, sino en aprender a utilizar el programa informático de software libre para edición de música y audio Audacity.

Espero que puedas perdonar los fallos. ¡Que lo disfrutes!

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Descripción del Audio

Si tienes dificultades para escuchar el sonido, a continuación te presento una breve descripción de esta grabación:

El audio comienza con la canción Ho Hey del grupo The Lumineers. El sonido de la música aumenta progresivamente en los primeros segundos.

Mi voz se intercala a lo largo de la canción, momentos en el que la música disminuye. Estas son las frases que se oyen:
“El día 24 de abril se celebra el Día Internacional del Perro Guía. Los usuarios y usuarias de la Asociación de Perros Guía de la Comunitat Valenciana y de Murcia nos reunimos el pasado 28 de abril en Elche para celebrarlo.
El autobús, en el que previamente viajaban los asistentes al evento procedentes de Valencia, dejó atrás la Delegación de la ONCE de Alicante para retomar el rumbo hacia Elche sobre las 10:00 de la mañana.
Allí nos esperaban nuestros compañeros de Castellón para iniciar una marcha a pie desde la estación de Renfe d’Elx Parc hasta la Plaça de Baix, pasando por el Paseo de la Estación. El objetivo: mostrar la importante labor que llevan a cabo los perros guía.
A las 12:00 nuestro presidente Vicente Galiana dio comienzo en la Plaça de Baix el acto para reivindicar el papel del perro guía. Posteriormente se hizo entrega de un obsequio, tanto al alcalde como a la edil de bienestar social, en agradecimiento por la buena predisposición para que Elche fuera sede del Día Internacional del Perro Guía.
Y para terminar el acto, Jose Antonio Mira, Sonia Collado, Francisco Lozano y Lara Rico leyeron el manifiesto “Yo sí puedo entrar” que pone también título a esta jornada. Marco y Ubaldo también nos dieron recomendaciones de cómo actuar en caso de encontrarnos con estos fieles amigos de cuatro patas.
Al final de la mañana, y para retomar fuerzas, pudimos disfrutar de un sabroso menú en el restaurante del hotel Milenium”.

En ocasiones aparecen extractos de grabaciones realizadas durante la celebración: mientras íbamos en el autobús, cuando el presidente presentaba el acto y hacía los agradecimientos, en el momento que intervenía el alcalde, durante la lectura del manifiesto y de las recomendaciones a tener en cuenta cuando haya un perro guía por parte de los pequeños Marco y Uvaldo y en el restaurante.

Finalmente se puede escuchar un estracto en el que el alcalde agradece que se haya elegido Elche como el lugar para celebrar este primer encuentro, y la frase “Yo sí puedo entrar en cualquier sitio” pronunciada por Jose, Sonia, Fran, Lara, Marco y Uvaldo al terminar la lectura del manifiesto.

Estuche de Vapor Lékué

Come Rápido y Rico

Hay temporadas en nuestra vida en las que nos sentimos más cansados y con menos ganas de hacer cosas. Eso es lo que me pasó a mí hace unas semanas: el sofá me llamaba a gritos y la cama me atraía como si de un imán se tratara. Y ya no hablemos de cocinar. Y no me refiero a cocinar elaboradamente, sino cocinar para sobrevivir. Además, parece que cuando se trata de una persona, que con cualquier cosa se puede apañar, cocinar es ya una tarea para la que se requiere una gran fuerza de voluntad. Más o menos de 8 de 10 en mi propia escala de vaguería. Y comer mal, tanto en cantidad como en calidad, no sólo hace que me sienta mal físicamente, sino psicológicamente.

Por ello comencé a investigar en Internet sobre comidas rápidas y muy sencillas de preparar que probé (como huevo “frito” al microondas en 30 segundos). Recordé también las numerosas ocasiones en que familiares, amigos, compañeros o incluso pacientes comentaban diferentes utensilios para cocinar al vapor o con el microondas (o ambas de forma combinada) y terminé por adquirir un estuche de vapor Lékué.

Descripción

El estuche de vapor Lékué es un recipiente rectangular de silicona que incluye una bandeja agujereada sobre la cual depositar los ingredientes para cocinarlos al vapor en el microondas o el horno. El tamaño varía según los comensales y es muy sencillo de limpiar. Su precio es de unos 25,00€ si se compra en la tienda on-line de Lékué o inferior si se adquiere, por ejemplo, en Amazon.

Características

Como podemos leer en la
página web de productos Lekue
gracias al estuche de vapor “cambiará tu manera de cocinar comida sana y rica”.

“El producto estrella de Lékué convertirá por fin tu microondas en una pieza fundamental en tu estilo de alimentación para cocinar al vapor. Nunca hubieras pensado en hacer tantas recetas, tan fácil, tan sano y tan rápido. Come tu sólo o en compañía, tú eliges.
– Fabricado en Silicona Platino 100%
– Garantía de 10 años
– Producto libre de Bisfenol
– Apto para horno
– Apto para microondas
– Resiste hasta 220º”

Ventajas

  1. Se precisa de pocos minutos para preparar una receta rica.
  2. Al cocinarse los alimentos al vapor, las recetas son muy sanas.
  3. Se pueden preparar numerosas recetas de verduras, pescados, carnes, legumbres… e incluso arroces y pastas.

Desventajas

  1. Al tratarse de silicona, si se lava con jabón concentrado como Fairy, ésta coge sabor. Es aconsejable lavarlo en el lavavajillas o con jabones no concentrados y eliminar cualquier olor y sabor del mismo ocasionalmente vertiendo el zumo de medio limón exprimido y la cáscara en el estuche e introduciéndolo durante 10 minutos a potencia máxima en el microondas.
  2. Los estuches son de varios tamaños pero personalmente considero que no se ajustan de forma real a los comensales. Yo he adquirido el de 1 o 2 personas, pero en el caso de que tuviera que cocinar para 2, me da la impresión de que se quedaría pequeño.

¿Qué puedes cocinar?

Si introducimos las palabras “recetas Lékué” en el buscador de Google nos aparecerán multitud de posibilidades para probar.

En el poco tiempo que llevo utilizando este producto yo he cocinado
recetas de la propia página de Lékué para el estuche de vapor
(ya que Lékué también nos ofrece recetas para otros utensilios de cocina) como salmón con verduras y salsa de yogur, timbal de verduras o atún aromatizado con especias, y recetas del canal de Youtube de
El Cofre de Champán
como tortilla francesa, tortilla de patata y calabacín, gambas al ajillo o champiñones al ajillo.

Pero las posibilidades son muchas y muchas son las recetas que de forma rápida y saludable se pueden cocinar en el estuche de vapor Lékué.

Por una red de blogs accesibles

No, no ha cargado mal la imagen. Así es como las vemos los ciegos al usar nuestro lector de pantalla si no has configurado el atributo alt en tu blog con el fin de describirla. Para aprender más sobre como hacerlo y de su utilidad visita el blog de La Nave del Bebé y échale un vistazo a la
publicación sobre imágenes y accesibilidad

Las imágenes son importantes, descríbelas para personas ciegas. Por una red de blogs accesibles. Si tú también quieres participar, escribe un post con las imágenes en negro (o blanco) y copia este texto.

¡Un saludo y hasta la próxima!

Días especiales. Todo empezó cuando conocí a Heiby.

Hoy, 20 de abril, Heiby, mi compi, cumple tres años. Es un día especial aunque no sé bien cómo transmitirlo. Quizá si comparto el diario de la estancia en Madrid en la que aprendimos a ser un equipo podáis haceros una idea de a qué me refiero. Espero que lo disfrutéis como yo cuando estuve allí.

Esta es nuestra historia.

Nota: Esta publicación ha sido editada para agrupar todas las entradas sobre el mismo tema en una única para una lectura más ágil. Se conserva la estructura, de tal forma que los días se agrupan en pequeños capítulos correspondientes a cada publicación. Al eliminar las entradas, los comentarios se han perdido, ¡lo siento! Aunque siempre estáis a tiempo de volver a comentar… 😉

1. ¡Heiby!


Lunes 5 de junio de 2017

¡Por fin! Por fin, después de tres años y medio de espera desde que mi solicitud fue aceptada, me encuentro sentada al escritorio de la habitación 3, en la residencia de la Fundación del Perro Guía de la ONCE en Boadilla del Monte (Madrid). Hace aproximadamente un mes y medio recibí la llamada para comunicarme que había sido seleccionada para el curso que se realizaría el 5 de junio, y tras afirmar mi asistencia, comenzaron todos los preparativos.

Estoy contenta; ha sido una espera larga. Normalmente, para que se determine que una persona ciega o con baja visión sea apta para recibir este curso, debe pasar varias pruebas: un reconocimiento médico que incluye análisis de sangre y de orina, audiometría, medición de la fuerza de ambas manos con un dinamómetro, electrocardiograma y exploración física; una entrevista con un psicólogo; una entrevista con un trabajador social y una prueba de movilidad, en la que se valora la capacidad de orientación, la velocidad de paso, la amplitud de paso y la forma de desplazarnos con el bastón (de esquivar obstáculos, realizar cruces, de toma de decisiones, etc). Todos los resultados son valorados y finalmente se le comunica al usuario mediante una carta si ha sido dado como apto o no para poder acudir a un curso de este tipo. En el caso de que sí, pasas a formar parte de una lista de espera durante aproximadamente tres años. A los instructores que adiestran a los perros les entregan un informe con las características de cada solicitante y ellos les asocian un perro siguiendo dichas características (altura, fuerza en las manos, amplitud de paso, velocidad de marcha,…).

La semana pasada volvieron a llamarme de la escuela para concretar la hora de llegada, pues debía de estar en una de las estaciones de tren de Madrid entre las 11:00 y las 11:30 aproximadamente. Mi tren llegaba a Puerta de Atocha a las 11:10, ¡hora perfecta! Al bajar del AVE Alicante-Madrid Pta. De Atocha, un trabajador de Atendo me ha acompañado hasta el punto donde me estarían esperando un instructor con otros usuarios que venían desde otros puntos de la península a hacer también el curso.

El servicio de Atendo es un servicio que RENFE proporciona a los viajeros con alguna necesidad de acompañamiento, tanto a la subida del tren como a la bajada, ya sea por alguna patología visual o auditiva, por utilizar silla de ruedas, por no poder llevar las maletas (ancianos, brazos escayolados o intervenciones del mismo, personas con carritos de bebés,…) y que se puede solicitar en el momento en que se compra el billete, llamando por teléfono o mediante una aplicación específica de RENFE para ello.

En la oficina de Atención al Cliente me he encontrado con dos instructores que iban a estar en el curso y una intérprete, pues también viene un usuario con sordoceguera. Uno de los instructores me ha acompañado a la furgoneta con la que íbamos a venir para esperar allí con otra usuaria de Valencia que ya había llegado, mientras otro compañero de Sevilla bajaba del tren.

Durante el camino de furgoneta no hemos podido evitar hacerle muchas preguntas al instructor, Amando, sobre los perros y el funcionamiento de la escuela, aunque no hemos podido averiguar ninguna información sobre los que serán nuestros perros guía. Se notaba ya la ilusión, los nervios y la emoción de llegar y empezar el curso.

Después de indicarnos cuál era la habitación de cada uno, hemos tenido unos minutos para reconocerla, deshacer la maleta y descansar un poco mientras iban llegando el resto de compañeros con los otros dos instructores que estarán en el curso. En total somos 13 usuarios y cuatro instructores. Mi instructor es Pedro Márquez y con él vamos a ser cuatro usuarios: tres renovadores (usuarios que ya han tenido perro guía con anterioridad) y yo, la novata.

Personalmente pienso que la habitación está muy bien. Es muy ancha y tiene un baño individual al entrar a un lado (en mi caso a la derecha), varios armarios grandes en frente de la puerta del baño (a mí me sobra tres cuartas partes del espacio de uno y entero el otro), una cama muy grande con colchones recién estrenados, una mesita, un escritorio y un silloncito de estos típicos para leer muy cómodo en un rincón. Además, enfrente de la puerta de entrada, al fondo de la habitación, hay una puerta que da acceso a una terraza individual, que a su vez, da acceso a la calle por detrás del edificio. Parece una habitación de hotel con aire acondicionado y Wifi, aunque, como dicen algunos, sin televisión.

Sobre las 12:30 aproximadamente hemos salido al vestíbulo para, desde ese punto, cada grupo con su instructor, realizar una ruta por el interior del edificio de la residencia y conocer los principales puntos de interés: la cafetería, el comedor, el pasillo de habitaciones, la sala del pienso, la sala de los instructores, los baños externos a la habitación, las salas de estar y el gimnasio. Para ayudarnos a movernos solos por aquí hay líneas en relieve en el suelo del vestíbulo que forman una especie de camino medianamente ancho y que nos orientan para llegar a estos sitios. La recomendación de los instructores es abandonar cuanto antes el uso del bastón, ya que pronto dejaremos de movernos con él cuando tengamos el perro, para aprender a movernos sin necesidad de él. También nos han recomendado caminar por la derecha de las líneas, con el pie izquierdo por dentro de la línea en relieve, pisándola, y con el derecho por el suelo liso, por fuera, para que así, cuando vayamos con el perro guía, éste quede a nuestra izquierda y si viene alguien de frente no choquemos con él. ¡Está todo pensado!

La comida es a las 14:15, aunque normalmente es a las 13:00 o 13:30. En este curso han cambiado el horario para evitar las horas de máximo calor de después de comer y aprovechar más la mañana. El servicio de comedor también lo cubre la escuela. Tenemos la posibilidad de elegir un primero y un segundo entre dos opciones. Además en el menú entra el pan, una bebida (si se piden más hay que pagar) o toda el agua que se quiera, postre y café. ¡Está genial! Y la comida, por el momento, parece muy buena.

Después de comer hemos tenido una charla de presentación con la directora de la escuela, Matilde, y Alberto, el coordinador, para explicarnos las normas del centro y los servicios de los que disponemos y presentarnos también nosotros. Me ha parecido curioso que de 13 usuarios que somos, unos nueve aproximadamente son repetidores, por lo tanto, ya tienen experiencia. Y eso resulta un poco estresante, el pensar que vas a hacer las prácticas con gente que ya conoce cómo trabajar con un perro guía.

Una vez terminada la charla, hemos finalizado el reconocimiento de los lugares importantes del edificio y los alrededores yendo al sitio donde nuestros perros harán sus necesidades. Se trata de un recinto vallado con acera que delimita un rectángulo de tierra grande en pendiente al que se accede por una puerta de reja por la zona más elevada. El que esté vallado ayuda a que los perros no se alejen y a que nosotros nos podamos orientar si en algún momento nos perdemos.

A las 16:30 el instructor ya se ha marchado y nosotros nos hemos quedado por la residencia recorriendo por nuestra cuenta el edificio para coger soltura y pasando el tiempo en la cafetería con el resto, con lo que hemos podido conocernos un poco mejor entre los usuarios. Somos un grupo procedente de diversos puntos de España y con edades muy variadas.

Según el instructor, mañana es un día muy importante. ¡Conoceremos a nuestro nuevo compañero!

Martes 6 de junio de 2017

El desayuno se sirve a las 7:30, así que desde bien temprano estábamos todos levantados, pues valoran la puntualidad porque entre las 8:00 y 8:30 empezamos las clases y el que llega tarde al comedor no desayuna.

La primera práctica, actividad o como queráis llamarla, del curso y del día ha consistido en, de forma individual, caminar por el exterior de la residencia cogidos a un asa de un arnés de perro guía que sujetaba el instructor por el otro extremo, el que corresponde al chaleco que lleva el perro en su cuerpo. De esta forma el instructor ha podido comprobar que los parámetros que se reflejan en los informes son correctos y que el perro guía que va a asociar con cada usuario es el adecuado. Además, con esta actividad hemos podido aprender algunas de las órdenes e indicaciones que se le dicen al perro durante el tiempo de guiado, como por ejemplo “quieto” en un bordillo para que se detenga y no cruce, “avanza” para que comience a cruzar, “marca” para que se detenga al llegar al bordillo de la acera de enfrente,… También hemos aprendido como pasar por lugares estrechos y cómo controlar las puertas para que el perro pase sin que haya ningún accidente (que la puerta le pille la cola, por ejemplo). Mientras tanto, el resto de compañeros esperaba en los asientos que hay en el vestíbulo hasta que fuera su turno.

En cuanto hemos terminado, los cuatro alumnos hemos pasado a la sala de instructores donde nos han entregado algunas cosas para el perro que íbamos a utilizar a lo largo del curso y que luego tenemos que devolver cuando nos vayamos (bebedero/comedero, cepillos, una bayeta, un juguete interactivo,…) y otros que ya nos quedamos nosotros, como un silbato, una correa y varios collares. Y seguidamente el instructor nos ha dicho que iba a decirnos los datos del perro que iba a asociar a cada uno. Tengo que reconocer que enseguida he empezado a sentirme muy nerviosa y por los suspiros de tensión y comentarios de los demás, creo que ha sido algo general. Era el momento en que iba a empezar a darle identidad al que iba a ser mi compi a partir de ese momento.
– ¡Lara! –ha dicho Pedro con su voz enérgica característica, después de haber terminado de contar los datos de la perrita de mi compañera-. Es una labradora –pausa- de color dorado –otra pausa- que nació el 20/04/2015 y que se llama –otra pausa (e imaginaros mis nervios)- ¡Heiby!

Heiby. Heiby… El primer momento ha sido muy extraño. De golpe todos los nervios se han ido. El nombre, como le pasará a muchos, me ha recordado a Heidi, la niña protagonista de los dibujos de nuestra infancia, haciendo que fuera un momento agridulce, ya que me recordaba a ella totalmente, pero a la vez, como ya he dicho, tomaba forma en mi cabeza una perrita de dos años, color canela que no tenía que ver nada con los dibujitos.

– Bien. Pues ahora vais a ir a vuestras habitaciones y esperaréis allí pacientemente hasta que yo toque a vuestra puerta. Entonces me daréis el collar y la correa y os esperaréis sentados en el sillón de la esquina hasta que yo pase.

Y así como ha indicado Pedro, hemos hecho. Aunque lo de esperar pacientemente no ha sido tan fácil, pues ha tardado un poco, ya que antes de venir ha sacado a los perros a hacer sus cosas, imagino yo para que estuvieran más relajados, para después ir entrando a las habitaciones de uno en uno con el perro que nos había asignado.

No sé cuántas veces me he levantado y me he vuelto a sentar. No sé cuántas veces me he paseado de la puerta de entrada a la habitación a la puerta de la terraza y el mismo recorrido de vuelta, pero al final, después de que pasara un tiempo desde que escuchara cómo Pedro iba entrando a las otras habitaciones, ha tocado a mi puerta. Y entonces, inexplicablemente, se me han ido todos los nervios. “¡Pasa!” le he gritado desde el fondo de la habitación, y tras entrar y recoger la correa y el collar que había sobre la mesa, me ha recordado que me quedara sentada en el sillón.

La puerta se ha abierto y Pedro ha entrado caminando hasta donde yo estaba sentada a la vez que con un tono de voz muy calmado y suave le iba indicando a Heiby que avanzara y se sentara frente a mí. Entonces me ha entregado la correa y me ha pedido que le acariciara con suavidad.
– Heiby es una labradora muy noble y simpática, aunque algo sensible -estaba diciendo mientras yo intentaba que no me mordiera ni se subiera encima de mí-. Ahora está algo excitada y quiere jugar, así que dile que “no” para que no te muerda y se suba. Ya has visto cómo he ido hablándole yo. Verás que ahora te costará y necesitarás de un volumen algo más fuerte para que haga caso a las indicaciones, pero Heiby responde muy bien. Te dejo a solas con ella una media hora para que os vayáis conociendo mejor y después saldremos todos al pasillo para ir practicando que vaya cerca vuestro.

Y así ha sido. Durante esa media hora Heiby no paraba de querer jugar a morder sin apretar, claro, pero poco a poco se ha ido calmando. ¡Ya conozco hasta la forma de su dentadura!

Al ratito el instructor nos ha llamado y hemos salido al pasillo para recorrerlo de punta a punta, siempre por el lado derecho y en fila, con el perro a nuestra izquierda sujetando la correa con nuestra mano para poder ir acostumbrándonos a su forma de caminar y él a la nuestra. También hemos aprendido la indicación de “junto” que se utiliza cuando el perro se aleja o tira mucho de la correa y queremos que vuelva a nuestro lado.

En la comida nos hemos encontrado con otro grupo de compañeros cuyo instructor también ha “entregado” esta mañana los perros que ha adiestrado a sus alumnos. En la mesa del comedor cada usuario tiene su sitio asignado y nos sentamos agrupados por instructor aunque sea una mesa alargada. Casualmente, los dos instructores que han “entregado” perro a sus usuarios se sientan al lado, por lo que se ha formado un poco de revuelo al entrar al comedor e intentar sentarnos en la mitad de la mesa donde todos los usuarios ya tenían perro, mientras que la otra mitad escuchaba cómo pacientemente los instructores nos enseñaban cómo sentarnos e indicar al perro que se eche a nuestro lado uno por uno.

Por la tarde, después de comer, hemos ido a la zona de “Haz” (la indicación que se le dice al perro para que haga sus cosas es “haz-haz”), que es la zona de tierra cercada, y se nos ha explicado cómo se debe alargar la correa para que el perro haga sus cosas, aunque como todavía no nos conocemos mucho el perro y el usuario y para hacer sus cosas necesitan estar tranquilos, no hemos aprendido cómo “trepar” por la cuerda para tocar con la mano la posición del cuerpo del perro y saber, entre otras formas, de qué está haciendo el perro exactamente.

Pedro también nos ha entregado el arnés de guiado a cada uno, que se compone del chaleco, que abraza el tronco del perro, y el asa, que sujeta el usuario con su mano izquierda. El chaleco se puede regular según el tamaño de cada perro, pero el asa tiene diferentes tamaños según la altura del usuario y el perro, por lo que es importante tener en cuenta varias medidas de asa a la hora de entregarla. Tras valorarlo, el instructor me ha dado la que mejor creía que se adapta a mí, aunque al principio me parecía algo corta.

El resto de la tarde, después de que el instructor se haya ido, lo hemos aprovechado para practicar el “junto” por el pasillo y compartir experiencias con el resto de compañeros.

2. Primeras rutas. Primeras sensaciones


Miércoles 7 de junio de 2017

Después del desayuno, compuesto de tostadas con tomate, magdalenas y galletas, zumo y café (nos cuidan muy bien aquí) y de ir al Haz, nos hemos montado en la furgoneta, ya que hoy tocaba empezar a trabajar ya el guiado con arnés. Aprovechando que había que montar en la furgoneta, hemos aprendido a subir a un vehículo con el perro y cómo colocarlo para que vaya lo más cómodo posible y a protegerle la cola cuando cerremos la puerta.

– Vamos a empezar con una ruta por Boadilla del Monte, ya que se trata de un camino de tierra con árboles y hierba a los lados que es llano y no tiene obstáculos. –nos cuenta Pedro mientras detiene el vehículo y apaga el motor-. Llegará un momento que pasaremos por un puente de madera que hay para cruzar un río, pero ya os avisaré yo, no os preocupéis. Iremos todos juntos y para ello intentaremos llevar todos el mismo ritmo.

La primera sensación con Heiby y el arnés ha sido increíble. Pensaba que iba a ir con más miedo, pero sabiendo que Pedro estaba pendiente de nosotros, me he confiado y me he dejado llevar. Y sí, parecía que volviera a ver, pero sin ver, realmente. Ha sido caminar “volando bajito”, como dicen los instructores. Caminar directo, sin tener que buscar referencias para seguir una línea, una dirección concreta, esquivando personas que iban corriendo sin apenas apreciarlo y disfrutando del lugar, un jardín muy grande con caminos de tierra que rodean un palacete conocido de esta ciudad y escuchando los pajaritos piar felizmente.

Sin embargo, hacía mucho calor y nuestra compañera ha empezado a encontrarse mal y marearse, así que el instructor ha decidido volver a la furgoneta y terminar esa ruta otro día.

Después de pasar por la escuela, el resto del grupo (la compañera se ha quedado en la habitación descansando), hemos vuelto a Boadilla pero para hacer otra ruta más corta, pues teníamos que ajustarnos al tiempo que habíamos perdido con el viaje de ida y vuelta. Ha consistido en una ida por un camino de tierra, como el de la primera hora de la mañana, pero para volver hemos bajado a una carretera con acera, de tal forma que teníamos que ir en fila, controlando que los perros no se adelantaran y que no nos desviáramos hacia la derecha, pudiendo entrar en zona de tierra, o a la izquierda, hacia los árboles. Para finalizar les hemos pedido a los perros que buscaran el bus (“busca el bus”), y trasmontarnos, hemos regresado a la escuela. El instructor me ha felicitado, pues dice que ha estado muy bien el paseo con Heiby para tratarse del primer día. Estoy contenta.

Ya en el edificio de la residencia, en la Fundación, Pedro nos ha hablado sobre en qué consiste la obediencia y la importancia que tiene. A continuación hemos hecho una pequeña práctica de obediencia con ejercicios progresivos y añadiendo distracciones con comida, pelotas, otros perros, etc. Heiby no ha hecho mucho caso y ha estado a punto de comerse el pan que el instructor le ha puesto delante. Pero al terminar la sesión y volver a las habitaciones, ha ignorado por completo el otro trozo de pan que el instructor ha colocado en medio del pasillo. ¡Bien!

Después de la charla de obediencia me ha quedado claro que tengo que incidir más en la entonación de la voz. Parece fácil, pero no se me da demasiado bien. Tendremos que seguir insistiendo.

Para terminar el día con el instructor, hemos tratado el tema de la comunicación canina. Es decir, qué emplean los perros para comunicarse: gestos y posturas (como mover la cola), sonidos (como el ladrido o el gemido) y gestos de la cara (como el movimiento de las orejas o la mirada). En fin, eso es el resumen pero la charla ha durado aproximadamente una hora.

La tarde ha transcurrido tranquila, como siempre, aunque después de cenar he aprovechado que el gimnasio estaba vacío para poner en práctica los ejercicios que hemos aprendido de obediencia, y sinceramente, no ha ido demasiado bien. Pero no importa, mañana lo volveremos a practicar y seguro que mejoramos.

Es interesante que haya un gimnasio, ya que el lugar de mi trabajo se asemeja y Heiby puede ir acostumbrándose.

¡Esto es todo por hoy!

Jueves 8 de junio de 2017

– Lara, la siguiente eres tú. –dice Pedro mientras abre la puerta de la furgoneta para que Heiby y yo podamos salir.
Heiby y yo nos preparamos, le coloco el arnés y nos acercamos a la acera. Después de escuchar las explicaciones del instructor empezamos a caminar, con él siempre cerca.

Estamos en Leganés, en una zona tranquila donde no hay mucho tráfico, las aceras en las bocacalles son redondeadas y los cruces de las aceras están rebajados. La práctica de hoy consiste en aprender a cruzar, pidiéndole al perro que vaya hacia el cruce (“recto al cruce”), que se detenga en él, y que comience a cruzar cuando estemos seguros de que no viene ningún coche. Para localizar el bordillo de enfrente le pedimos que siga recto y que marque el bordillo, de tal forma que el perro apoya sus patas delanteras en él y se detiene. “Marca” es la orden que decimos. También hemos podido practicar los giros a la izquierda y derecha al rodear varias manzanas y volver al bus por el otro lado.

Al terminar hemos regresado a la escuela para una consulta individual con el veterinario, con el fin de conocer el estado de salud de cada perro. Según el veterinario Heiby tiene una salud de 10, así que eso me tranquiliza un poco.

Seguidamente nos hemos hecho las fotos oficiales con el perro para el carné de usuario de perro guía, para la escuela, para nosotros y para la familia que durante el primer año de vida educó al futuro perro guía. Han sido tres: una de pie con el perro a nuestro lado, otra agachados con el perro sentado y nosotros junto a él, y otra de grupo. Bueno, realmente de medio grupo, pues los otros dos instructores tenían programada una salida con sus usuarios y no estaban en la escuela. Y en verdad, creo que hubiera sido muy complicado conseguir que 13 perros y 13 ciegos miraran a la vez a la cámara. ¡Por suerte hemos podido ir a la habitación para arreglarnos un poco para la ocasión!

Y para terminar la mañana, cuando todos hemos hecho las fotos, el veterinario nos ha explicado al grupo algunos aspectos sobre alimentación e higiene de los perros. Para mí ha sido demasiada información de golpe y me he agobiado un poco. Pero todos me tranquilizan recomendándome que hable con mi veterinario de zona, pues él es quien mejor me lo puede explicar todo más tranquilamente.

Por la tarde hemos continuado la charla de la comunicación canina haciendo referencia a cómo entienden los perros el lenguaje humano. Nos hemos basado sobre todo en la importancia de la entonación de la voz (pues no es lo mismo una orden, que una invitación a hacer una acción, que una felicitación como premio por haber hecho algo bien) acompañada de gestos y de la posición del cuerpo.

El día lo he terminado con una nueva sesión de obediencia que ha ido mejor que la de ayer.

¡Hasta mañana!

3. Entendiendo mejor a Heiby y su obediente desobediencia


Viernes 9 DE JUNIO DE 2017

La ruta de hoy por la ciudad de Madrid la hemos hecho por Cuatro Caminos. El objetivo ha sido practicar el tráfico natural, con lo que algunos creo que llaman desobediencia inteligente, es decir, pedirle al perro que cruce una calle en el momento que va a pasar un vehículo y que el perro no cruce por seguridad.

Esta vez la ruta la he hecho junto con mis dos compañeros. Me parece que cuando vamos más de uno toda la ruta es más complicada porque los perros quieren ir todo el tiempo pegados e incluso adelantarse entre ellos, así que el control debe ser mayor y tienes que ir más pendiente y concentrado.

El instructor nos iba indicando cuando llegábamos a los cruces el momento en que debíamos decirle la indicación de “avanza” para que empezaran a cruzar, pues se trataba de decirlo en el momento preciso en que el coche pasaba por delante de nosotros. Si el perro no nos hacía caso y se quedaba parado en el bordillo debíamos felicitarlo, pues realmente estaba haciendo algo bien, desobedeciéndonos por seguridad. Tras insistirle con “vamos, vamos” si continuaba sin querer cruzar volvíamos a felicitarle. La verdad es que Heiby se ha quedado clavada en el suelo y a pesar de que la animaba a cruzar no ha hecho ni la intención. ¡Es una crac!

A pesar de ello, la ruta no se me ha dado del todo bien porque no conseguía controlar las indicaciones de “dentro” y “dobla”, que se utilizan para desviarse ligeramente a la derecha o a la izquierda respectivamente siguiendo siempre una línea recta hacia delante, por ejemplo, por la acera. De esta manera se pueden ir sorteando los obstáculos sin, como decía, dejar la dirección que se está siguiendo.

Después de haber sacado a los perros en el Haz a media mañana en la escuela, hemos vuelto a montarnos en la furgoneta para ir a un centro comercial e introducirnos en cómo es caminar por dentro de estos edificios llenos de tiendas, gente y con pasillos tan amplios. Mientras unos practicaban, otros esperábamos en el Vips tomando algo hasta que llegara nuestro turno.

La verdad es que las comidas están muy buenas, pero yo no sé si es por el calor, por la tensión de estos días o por las dos cosas, que cuando llega la hora de comer se me hace muy difícil terminar el segundo plato. Por suerte, por la noche ya es otra cosa. Sigo pensando que la comida está muy bien en cuanto a variedad, calidad y cantidad.

La charla de esta tarde trataba sobre el aprendizaje de los perros. Hemos hablado de la importancia de reforzar positivamente con premios (palabras de felicitación, caricias, chuches,…) cuando el perro hace una acción bien. Nos han explicado también en qué consiste el clicker, un dispositivo que se utiliza para asociar un sonido a comida, y posteriormente, durante el entrenamiento, una orden al sonido del clicker, con lo que el perro asocia que al hacerlo habrá comida. Es más o menos algo así, quizá mucho más difícil de aplicar.

Y el resto de la tarde ha transcurrido muy tranquila. A las 17:00 aproximadamente le he dado de comer a Heiby, pues quiero retrasar la hora hacia última hora de la tarde pero se debe hacer progresivamente, así que cada día retraso el momento de darle de comer un cuarto de hora más. Por cierto, no lo he explicado hasta ahora pero para darle de comer, le pido a Heiby que se siente y se quede quieta, y con el comedero ya en la mano con la comida dentro lo bajo hasta situarlo entre mis pies, que los coloco en forma de V para que no deslice, mientras me aseguro que Heiby no se mueve. A continuación cojo el silbato que nos dieron el martes y tras soplar dos veces digo “Heiby, come”, y es entonces cuando ya permito que coma. Supongo que esto de utilizar el silbato, como he explicado antes con el clicker, se hace para que el perro asocie el silbato a la comida, y cuando quieras soltarlo, soplando el silbato el perro venga, pues espera que yo le dé comida.

Esta parte psicológica es interesante y complicada a la vez. El perro estos días, además, ha pasado de creer que su “dueño” era el instructor a empezar a pensar que quien manda es otra persona, en este caso el usuario ciego, al que además ha empezado a guiar y acompaña a todas partes. Encima el perro empieza a darse cuenta que el que le da la comida y el agua es el usuario, y no el instructor, y encima el usuario le empieza a decir palabras de felicitación cuando hace las cosas bien. Así que llegados a este punto, el perro, por decirlo de alguna forma, quiere seguir cayendo bien al usuario, así que por eso intenta hacer las cosas bien, aunque a veces quiera hacerle más caso al instructor. Por eso, la práctica de esta mañana de no cruzar cuando pasaba un coche a pesar de que nosotros se lo pedíamos es importante, aunque si no salía no pasaba nada, pues el perro quiere caernos bien cumpliendo lo que le pedimos, pero sabe que no debe cruzar por seguridad. Y por eso es tan importante en este caso felicitarlo tanto.

Sábado 10 de junio de 2017

Al contrario de lo que se creía, hoy también trabajábamos. Nuevamente hemos ido a Madrid, esta vez complicando algo más la ruta, pues hemos estado por la calle Princesa y las que la rodean, con lo cual hay más gente, más tráfico, más tiendas y más distracciones.

La ruta ha ido bien, pero en un momento de la mañana mi compañero se ha desorientado un poco al llegar a una esquina, ya que debíamos seguir hacia delante pero su perro ha ido hacia la izquierda metiéndose por la bocacalle y al intentar recuperar el control se ha desorientado más y no ha sabido continuar. Supongo que en estas situaciones te agobias y eres incapaz de pararte y pensar, aunque una vez lo haces y estás tranquilo esté todo tan claro. Nosotros estábamos parados a unos tres metros de él en el cruce, con nuestros perros quietos esperando a que les indicáramos que avanzaran, pero el instructor nos ha pedido que nos calláramos y no le dijéramos nada para ayudarle a orientarse, con el fin de que intentase resolver él la situación. Han sido unos cinco minutos un poco extraños: nosotros parados delante de él sin poder decir nada, e imagino que el instructor haciéndole señas a la gente para que no ayudaran a mi compañero, y él llamando al instructor agobiado y parado sin saber continuar… En fin, son situaciones que si nos pasan ahora es mejor saber solucionarlas, pues en el futuro no habrá un instructor que nos esté ayudando a darle las indicaciones al perro, ni unos compañeros parados en el cruce que te puedan llamar para ayudar a orientarte.

Una vez terminada la ruta por Madrid, hemos vuelto a Boadilla y hemos practicado en el circuito de obstáculos las indicaciones de “dobla” y “dentro”, lo cual me ha ayudado un poco más a saber controlar este tipo de situaciones en las que un obstáculo en la acera no te permite el paso y debes decidir si pasar por la derecha o la izquierda.

Después de comer hemos tenido todo el grupo entero, los trece, una charla con mi instructor sobre psicología canina, y más concretamente, sobre el temperamento y el carácter del perro, los cuales unidos determinan cómo es su comportamiento.

En el momento de las preguntas, al final, una chica ha preguntado muy seria cómo se debe jugar con el perro, ya que jugar con él es importante, pero hay tantas cosas que no se deben hacer, que al final, todas interfieren en el juego y ya no sabes qué debes hacer: no te puedes agachar, puesto que si lo haces, el perro interpreta que ya no eres quien manda, por decirlo de alguna manera, así que si el perro se gira patas arriba para que le rasques la barriga, no puedes hacerlo pues ya doblas tu cuerpo y tu altura disminuye. Tampoco puedes lanzarle pelotas ni otros juguetes para que vaya a buscarlos, ya que estimulas el instinto de caza. Tampoco puedes jugar a que te muerda, porque cualquier cosa que le permites al perro en el juego, en el futuro deja de ser un juego… Y en la cena hemos seguido tratando el tema por nuestra cuenta, pero ¡no damos con la solución!

Cuando hemos ido al Haz esta noche, un grupo de compañeros y yo nos hemos quedado en la puerta del mismo hablando después de que nuestros perros hubieran terminado de hacer sus cosas. Estaban tranquilos, aunque a Heiby, cuando hay otros perros, le cuesta quedarse tranquila porque quiere jugar todo el tiempo. Y de repente Heiby ha pegado un tirón muy fuerte y se me ha escapado su correa de las manos. Me he llevado un buen susto pues al tirar tan fuerte yo he bajado de repente un escalón que no tenía localizado, y ha sido entonces cuando se me ha escapado la correa. Y enseguida, al darme cuenta de lo que había pasado, he comunicado a mis compañeros que Heiby se había ido corriendo para que controlaran bien a los perros y yo he empezado a llamarla, segura de que no iba a hacerme caso y de que volver a controlar la situación me iba a costar mucho. Pero no. A la tercera vez que la he llamado, después de darse tres vueltas por dentro del Haz (que menos mal que está vallado) ha venido corriendo hasta mí y he podido sujetarla bien. Y sin pensar le he reñido con un “no” de orden, pero en realidad ese “no” lo que hace es reforzar que no está bien que venga cuando la llamo. El “no” por haberse ido tendría que haberlo dicho justo en el momento que se me ha ido la correa de las manos. En fin, qué complicado es el mundo canino hasta que lo vas entendiendo…

Domingo 11 de junio de 2017

El desayuno hoy, en lugar de ser a las 7:30, se ha retrasado hasta las 8:30, aunque como los instructores nos recomendaron que sacáramos a los perros a la misma hora de siempre, igualmente me he levantado pronto.

Esta mañana hemos tenido una clase para aprender a examinar a nuestro perro con el fin de detectar cualquier anomalía que padezca el perro. Así mismo, hemos aprendido a limpiar las orejas, los ojos y la boca, y a cepillar al perro, algo muy importante en un perro guía que tiene derecho por ley a acceder a cualquier sitio de uso público.

Para terminar la mañana hemos visitado el edificio de perreras de la escuela, donde hemos podido conocer cuál es el funcionamiento de la misma hasta que el perro se asocia a un usuario.

Al ser domingo, no suele haber más prácticas, clases o charlas referentes al perro guía programadas. Así que para hacer la tarde más llevadera un representante del Consejo Territorial de la ONCE de Madrid (no estoy segura de si este era su cargo), ha venido a hablarnos sobre aplicaciones móviles para, principalmente, I-Phone (que Android sigue sin ser usado por ningún ciego, por lo visto…).

Y, la verdad, no ha sucedido nada más destacable en el día de hoy. Nos han dicho que mañana vendrán por la tarde de una tienda cercana a enseñarnos productos para perros por si queremos comprar algo, así que ya contaré.

Un saludo.

4. Rutas difíciles, días complicados


Lunes 12 de junio de 2017

Empezamos una nueva semana; la segunda semana; la semana en que ya todo se complica y la exigencia por parte del instructor en nuestro trabajo es mayor. Acabamos la semana de rutas muy bien en cuanto al guiado, pero esta semana todo puede cambiar.

Como todos los días, a las 6:30 ya estábamos de pie para sacar al Haz a los perros. Desayuno y todos listos a las 8:30 en el parking frente a nuestra furgoneta para realizar una nueva ruta, desconocida hasta que no estamos montados y de camino. En realidad, si hoy hubiéramos sabido antes de subir qué ruta tocaba, quizá ni siquiera hubiéramos querido salir de la escuela. Aproximadamente diez minutos ha tardado Pedro en explicar por qué calles teníamos que ir y algunos aspectos orientativos que nos íbamos a encontrar. Sin embargo, nosotros éramos los que íbamos a tener que decidir cuándo llegábamos al punto en que él había dicho que debíamos girar (esto íbamos a tener que hacerlo en tres ocasiones hasta completar el triángulo que suponía la ruta vista desde arriba), éramos los que íbamos a tener que reencontrarnos si nos perdíamos, y los que íbamos a tener que estar pendientes del resto de compañeros para ir todos más o menos agrupados, además de decidir entre todos por dónde debíamos de continuar y tomar las decisiones de forma conjunta.
– Y no os cuento más, porque si no, no salís de la furgoneta. –ha dicho el instructor.

Y qué razón. Nos hemos encontrado muchas dificultades: que si la acera estaba a un nivel más bajo que el cruce y los perros han subido unos escalones con los que no contábamos y no sabíamos por dónde continuar; que si no sabíamos cuántos cruces debíamos de hacer hasta llegar a la plaza donde debíamos de girar a la izquierda, que si uno se quedaba más atrás y perdía al grupo, que si cruzábamos por una explanada con un centro comercial y el perro se metía hacia las escaleras, que si al girar a la izquierda, en vez de avanzar por la calle correcta nos metíamos por otra y dejábamos la referencia (el tráfico) muy lejos y teníamos que volver atrás,… En fin, y muchas, muchas cosas que no recuerdo, y muchas muchas más que gracias a los perros que las esquivan, ni nos enteramos que están ahí. Según el instructor, si hemos completado esta ruta satisfactoriamente, aunque con cosas que mejorar, podemos hacer cualquier camino sin problemas. Sin embargo, yo personalmente no me he visto tan bien.

Por cierto, en varias ocasiones que no estábamos seguros de si íbamos bien, he decidido preguntar a la gente que pasaba cerca. La primera vez nos ha atendido un señor muy simpático que parecía que no se enteraba muy bien de qué le estábamos preguntando y nos indicaba con “aquí”, “allí” y “no sé, no sé”. Curioso, estaba forzando la voz mucho, y ya no sabíamos si iba borracho, drogado, o qué. Al final hemos conseguido que nos dijera “to tiezo” y tras darle las gracias, hemos continuado camino. Pero fíjate, que hemos tenido que preguntar una segunda vez, y misteriosamente el mismo señor nos ha contestado… ¡y hasta una tercera vez! Este Pedro… Por lo menos ha conseguido que nos riéramos un rato, porque entre la dificultad y el calor…

Al volver a media mañana a la escuela, como siempre, hemos sacado a los perros al Haz para, a continuación, aprender a hacer la suelta y la llamada. Dentro del Haz mis tres compañeros y yo nos hemos separado dejando unos metros de distancia entre unos y otros, y pegados a la valla hemos sentado a los perros a nuestra izquierda. Tras las indicaciones del instructor, hemos desenganchado la correa y a la orden de “libre” los perros han empezado a correr y jugar entre ellos. Es importante ir moviéndose para que los perros vayan controlando tu posición, pues nos han explicado que si nos quedamos quietos, es probable que el perro sepa que estamos ahí y cada vez vaya alejándose más. Después de unos minutos, uno detrás de otro hemos ido llamando a los perros reforzando la voz con dos pitidos de silbato. A Heiby no le ha costado a penas venir, así que siguiendo las instrucciones de Pedro, la he felicitado efusivamente y la he premiado con una bolita de pienso.

Por la tarde la charla ha sido referente a los informes que deberíamos enviar a la escuela mensualmente durante el primer año para poder prevenir y solventar a tiempo cualquier problema que pueda aparecer con nuestro perro guía en este periodo de adaptación. Para que no haya confusión con las preguntas, hemos ido repasando una por una cada una de ellas.

Como ya comenté, a continuación de la explicación de los informes que debemos entregar, un vendedor de una tienda de animales cercana que tiene acuerdo con la escuela ha venido a enseñarnos productos para perros y a resolver nuestras dudas sobre ellos. Peines, cepillos, huesos, juguetes Kong y otros, camas, etc., han ido pasando de mano en mano para que pudiéramos tocarlos y hacernos una idea de cómo son. Al final hemos podido comprar lo que nos interesaba, aunque mañana volverán para traer algunos productos de tamaños o colores distintos a los que nos han mostrado hoy para aquellos que así lo han pedido.

La obediencia con Heiby ha mejorado notablemente. Dentro de poco tendré que aumentar ligeramente el nivel practicándola en el vestíbulo, donde continuamente pasan compañeros con sus perros o trabajadores de la Fundación. Hoy se ha quedado quieta durante varios minutos mientras me iba moviendo por todo el gimnasio. El trabajo diario empieza a dar sus frutos.

Y como ya hemos aprendido a cepillar a los perros, para terminar el día Heiby ha tenido una sesión de peluquería con la que se ha quedado muy relajada, así que es momento de irnos a dormir. ¡Bona nit!

Martes 13 de junio de 2017

Seré breve; no me apetece escribir y estoy desanimada: hoy he empezado el día con ilusión, porque después de una semana he conseguido percibir cómo Heiby se ha quedado quieta en el Haz para hacer caca, y siguiendo las instrucciones que me dio ayer Pedro, he “trepado” por la cuerda con mi mano derecha hasta palpar la forma de la espalda. Como Heiby ya me tiene más confianza no se ha movido y he podido colocarme con los pies cerca para cuando terminara y se moviera rastrear con mi mano y la bolsa preparada. El resto, pues como todo el mundo hace.

Sin embargo la ruta de hoy que consistía en coger un bus para recorrer varias paradas en Paseo de Delicias y volver a la furgoneta a pie ha sido un desastre. Si ayer lo hice muy bien, hoy Pedro me ha corregido muchos muchos fallos. Y al final, cuanto más te corrigen, más mal haces todo, así que imaginaos… Según Pedro “hoy te pongo un 4,5, así que espabila, que ya estamos en la segunda semana de curso”. Y tiene razón, porque Heiby guía muy bien, pero yo no termino de pillar algunas cosillas, como notar cuando baja la cabeza para oler el suelo o coger algo que le llama la atención, cuando sobrepasa ligeramente el bordillo invadiendo la carretera con sus patas delanteras y cosas por el estilo. En fin, como le ha dicho el instructor a un compañero renovador que ha salido en mi defensa “dejémosle que me meta caña ahora que se puede”.

A pesar de todo, ha sido interesante esta ruta para aprender la forma de acceder al bus con perro guía y las indicaciones adecuadas que les podemos dar. En mi caso es interesante y necesario saber esto ya que al trabajo voy y vuelvo todos los días en bus.

Por la tarde hemos estado hablando de forma introductoria con Pedro de las cosas que hay que tener en cuenta cuando volvamos a casa y empiece el periodo de adaptación. Pero volveremos a tratar este tema por falta de tiempo.

El trabajo individual a realizar por las tardes con nuestros perros se acumula: obediencia, suelta y cepillado. Heiby responde muy bien a la llamada y ha mejorado mucho con la obediencia. El cepillado nos está costando algo más porque se mueve mucho, pero también conseguiremos mejorarlo, o eso espero.

5. Por si Heiby todavía no me había sorprendido lo suficiente…


Miércoles 14 de junio de 2017

El objetivo de hoy ha sido aprender a utilizar el metro con el perro guía. Como para acceder al mismo había escaleras mecánicas, hemos aprovechado para realizar esta práctica también.

Se trataba de indicarle a Heiby que buscara el torno (“busca sitio”) y con ella muy pegada a mí, pasar las dos juntas. Con la indicación “busca escaleras” hemos llegado hasta ellas y después de felicitarla y de colocar mi mano derecha sobre la goma de la barandilla para asegurar que eran las de bajada, con un “vamos” ya nos hemos montado. Lo complicado de las escaleras mecánicas, no es hacer que las busque, ni mantenerla todo el tiempo cerca mientras se asciende o desciende; lo complicado y peligroso es cuando la escalera recupera la horizontalidad y hay que bajar. El perro puede pillarse las uñas al salir y dicen que es doloroso y escandaloso, ya que no deja de sangrar. Así que para evitarlo colocamos el pie derecho algo más adelantado que sus patas delanteras de tal forma que nos permita identificar cuándo llegamos a la plataforma. Con la mano izquierda agarramos la correa y la tira superior del chaleco del arnés. En el momento de salir tiramos ligeramente de la cincha hacia arriba a la vez que decimos “¡hop!” (“jop” o como se escriba) con lo que indicamos al perro que dé un saltito y así no se pille las uñas.

Podría explicar toda la teoría del metro, pero no tiene nada destacable, pues cuando se para, le pides al perro que “busque puerta” y cuando la localizas con un “avanza” ya entras. Lo que sí es destacable, es de nuevo, la capacidad del perro para reconocer que no tiene que avanzar hacia la vía cuando no está el metro delante.
– Toca las rayas del suelo que indican el límite del andén con el pie derecho. –me pide Pedro cuando me encuentro situada de frente a la vía con Heiby quieta a mi izquierda-. Ahora pídele suavemente que avance.
– Avanza, avanza.
Y no solo no ha avanzado, si no que cuando he insistido, ha empezado a girar hacia la derecha interponiendo su cuerpo entre mí y la vía, y ha seguido girando para colocarse de espaldas a ella. A continuación ha comenzado a caminar hacia delante y me ha conducido hasta un banco cercano.
– Anda, anda, loca, que eres muy joven para saltar a la vía. Siéntate un poco en el banco a ver si se te pasa la tontería. –me decía el instructor satisfecho mientras yo caminaba sorprendida siguiendo los movimientos de Heiby.

Al terminar la práctica hemos vuelto a la escuela porque el perro de mi compañero parecía no encontrarse bien, así que lo han llevado al veterinario. Nosotros hemos podido descansar (y dormir) antes de comer.

Por la tarde nos hemos reunido con Pedro para analizar cómo creíamos que eran, en cuanto a comportamiento, nuestros perros y resolver dudas de todo lo que habíamos estado tratando a lo largo del curso. Yo, como soy la novata, pues siempre tengo dudas y preguntas que hacer.

Acabaría explicando que el día ha terminado con los ejercicios de obediencia, cepillado y de más que debemos hacer, pero esta noche hemos hecho una actividad que creo que en general nos ha agradado a todos: un paseo nocturno. Los perros de noche, igual que los humanos, ven distinto, así que hay ligeras diferencias al caminar con ellos por la noche. Sinceramente, yo he notado mejoría, no sé si porque iba más segura y convencida a la hora de darle indicaciones a Heiby, si por el cambio de luz o porque ha habido un intercambio accidental de arneses e iba caminando con un asa más larga y que se adecuaba más a mí, pero he disfrutado mucho este paseo. Pedro también se ha dado cuenta de que ese arnés no era el mío pero que me iba mejor con un asa de esa longitud, así que ha decidido cambiármela.

Al acabar el paseo nos hemos sentado mis compañeros y los alumnos de otro instructor que también venían, a tomar algo en uno de los múltiples bares con terraza de esa zona de Boadilla. Volvíamos sobre las 00:00 a la escuela; no muy tarde, pero ha sido algo diferente y se ha notado, en todos los sentidos.

Y esto es todo por hoy. ¡Mañana más y mejor!

Jueves 15 de junio de 2017

Suena el despertador. Tengo mucho sueño y me cuesta levantarme, pero una perrita muy simpática viene a saludarme y a darme los buenos días. Por las mañanas siempre tiene muchas ganas de jugar y está muy contenta. ¿Cómo nos irá hoy? Sólo por eso, vale ya la pena levantarse.

Heiby y yo seguimos mejorando. Esta mañana hemos vuelto a practicar tráfico, como el viernes pasado, pero esta vez era un coche conducido por un trabajador de la escuela que aceleraba cuando íbamos a cruzar por el paso de cebra, o incluso cuando ya habíamos recorrido parte de ese cruce, con lo que los perros impedían seguir avanzando. En una ocasión, volviendo ya al bus, de repente ese mismo coche se ha subido a la acera justo por delante de mí, como si fuese a entrar a un garaje, con lo que Heiby también se ha parado y no quería seguir hacia adelante. La verdad es que Heiby trabaja muy bien, a mi entender de principiante.

Como soy la novata me han querido hacer una novatada. Yo he hecho la práctica en el tercer turno, y mi compañero, que iba antes que yo, ha vuelto a la furgoneta quejándose de la rodilla y al instructor diciéndole que se habían pasado, que cómo habían permitido que el conductor se acercara tanto a él y a su perra hasta el punto de hacerle daño en la rodilla. Dicen que he puesto cara de asustada, pero lo que realmente me asustaba a mí era hacer la práctica tan mal que no me diera ni cuenta de que el coche se acercaba tanto a mí, como le había pasado a mi compañero supuestamente.

La segunda parte de la mañana la hemos aprovechado para dar un paseo por otra especie de parque de Boadilla donde Pedro iba a ir provocando distracciones para los perros (llamadas, gestos,…). Ha salido muy bien también aunque el calor ya empezaba a apretar y Heiby parecía algo cansada.

Por la tarde hemos tenido una reunión con el coordinador de la escuela y el presidente de la Fundación del Perro Guía para comentar quejas, dudas y similares, y entregarnos toda la documentación referente a nuestro perro. Muchos papeles y muchas cosas a tener en cuenta. Un lío.

De momento no tengo ni idea de qué vamos a hacer los próximos días, pues hasta ahora íbamos escuchando comentarios de las cosas que íbamos a ir haciendo durante la semana, pero ya lo hemos hecho todo y no sabemos más. Como siempre, iré contando.

6. Y llegamos ya al final de la segunda semana. Más rutas y conociendo a las familias educadoras


Viernes 16 de junio de 2017

La ruta de hoy, en cuanto al trabajo de Heiby y mío, creo personalmente que no ha estado tan mal. Sin embargo, tras escuchar la valoración general del instructor al terminar, no me ha quedado esa sensación.

Calle Fuencarral un viernes a las 10:00 de la mañana de un día de junio: gente, tiendas, estrés, camiones de carga y descarga, obras, andamios, más gente, más tiendas y mucho, mucho calor. ¿He dicho que Heiby trabaja muy bien desde mi punto de vista de principiante? Diría que yo he sido bastante capaz de controlar la situación y ella de esquivar los obstáculos. Pero no sé…

Al llegar a la Gran Vía hemos esperado a la sombra a que mi compañero comprara un medicamento en una farmacia, pues comentaba tener mucho dolor de muelas, y hemos hecho el camino de vuelta hasta la furgoneta. Si el camino de ida había sido estresante, el de vuelta más. El instructor hacía más comentarios, más correcciones… En un punto de una acera me he encontrado al compañero que iba delante de mí parado y al preguntarle que por qué se paraba me ha comentado que pensaba que ya estaba en el cruce. Yo le he contestado que creía que todavía faltaban unos metros y le he pedido a Heiby que buscara el cruce (“recto al cruce”). Entonces, de repente, he escuchado como el instructor ha dado un grito de alerta a mi compañero. Resulta que al pedirle a su perro que buscara el cruce, como momentos antes había hecho yo, se habían desviado a la derecha y se habían metido de lleno en el asfalto en el preciso momento en que se acercaba un coche. Por lo que he sabido después, se ve que el mismo instructor ha cogido a mi compañero para evitar que lo atropellaran. Pero supongo que, aunque ha sido un pequeño despiste, ha supuesto la gota que colma el vaso.

A la vuelta íbamos callados, serios, cansados, muy acalorados, preocupados por el calor que estaban sufriendo los perros… Y para rematar la mañana, nos hemos metido en un atasco en pleno centro de Madrid de más de una hora. ¿Y sabéis? NO funcionaba el aire acondicionado de la furgoneta.

Los ánimos han mejorado durante la comida y por la tarde no hemos tenido charla, así que hemos aprovechado para descansar.

En fin, hay días mejores y otros peores, pues la vida es como una montaña rusa con sus subidas y bajadas, y si no fuera así, no tendría nada de emoción y diversión, ¿no?

Sábado 17 de junio de 2017

Pues lo dicho, que esto va a días: hay días que se nos da mejor, y días que se nos da peor. Ayer mismo la ruta pareció ser un desastre y hoy, sin embargo, Pedro nos ha felicitado.

Hemos repetido la ruta que hicimos para practicar tráfico el viernes pasado. Es decir, si no me equivoco del nombre de las calles, hemos caminado por la calle Ferraz hasta una perpendicular donde se encuentra una cafetería conocida de Madrid, Cáscaras, y al terminar de desayunar en ella, hemos seguido por la misma calle hasta encontrar la calle Princesa, que hemos seguido hasta llegar a la paralela que nos interesaba (no recuerdo el nombre, solo las referencias que Pedro nos había dado), y tras meternos por ella girando a la izquierda hemos avanzado hasta encontrar de nuevo la calle Ferraz, donde estaba aparcada la furgoneta. Parece una ruta sencilla, pero tiene varios puntos difíciles y mucho tráfico, gente y tiendas por la calle Princesa. A pesar de ello, hemos sabido hacer el camino solo con una breve explicación que nos ha dado Pedro antes de bajar de la furgoneta, y ello sin perder a ningún compañero por el camino, a la vez que estábamos pendientes de controlar la situación y la ruta.

Esta tarde era la destinada para que las familias educadoras vinieran a conocer al usuario que había sido asociado con el perro que ellos habían estado cuidando y sociabilizando durante el primer año de vida del animal. Para ellos supone una alegría ver que han ayudado en una labor tan importante, aunque también les supone una gran pena dejar ir al perro. Pues bien, no sé por qué motivo (espero que nada grave), la familia de Heiby, a pesar de haber confirmado la asistencia, no ha venido ni ha comunicado que no lo haría. Han intentado contactar con ellos pero no han cogido el teléfono. La hora de reunirnos era a las 15:00, algo más tarde para todos aquellos que habían especificado que por ciertos motivos se retrasarían. Debíamos esperar en nuestras habitaciones y conforme fueran llegando las familias, el instructor vendría a las habitaciones a avisarnos para presentárnoslas. El tiempo pasaba y pasaba, y yo escuchaba cómo los instructores iban llamando a las habitaciones de mis compañeros avisándoles de que sus familias habían llegado y que esperaban en el vestíbulo para presentarlas y pasar posteriormente a la cafetería a tomar algo. Al final Pedro ha tocado a mi puerta para decirme que no sabían nada de mi familia y que ellos tenían que marcharse. Si mi familia llegaba, los vigilantes me avisarían. Pero he seguido esperando y al final he supuesto que ya no vendrían, así que he decidido no esperar más e ir a la mía.

Como no me había tomado café en la comida para, precisamente tomármelo después mientras charlara con los educadores, me he ido yo también a la cafetería que estaba llena de mis compañeros y sus respectivas familias y me he pedido uno. Mientras me lo tomaba, escuchaba cómo padres y madres con niños contaban a mis compañeros anécdotas de los perros de cuando eran pequeños, cómo los perros parecían estar encantados de volver a ver a sus cuidadores, y me ha dado rabia. Rabia porque, si no han tenido ningún problema serio por el que no han podido acudir, no han venido y no han avisado. Y me hubiera gustado también escuchar anécdotas de cuando ella era pequeña, de saber cómo era, qué hacía,… haberles agradecido el trabajo que hicieron y que Heiby los hubiera visto una vez más.

Domingo 18 de junio de 2017

Un día sin actividad. El desayuno se ha retrasado a las 9:00, así que hemos podido dormir algo más.

Yo he aprovechado para escribir parte de estas líneas, leer, dormir un poco más y pasar tiempo con Heiby jugando, paseando, haciendo obediencia y cepillándola.

Hoy también es el día de lavandería, así que he llevado mi bolsa de la ropa sucia a Bea, la gobernanta, que es quien se encarga de la cafetería por las tardes, del servicio de lavandería y de preparar la cena y servírnosla por las noches y los fines de semana. La verdad que el servicio de lavandería está muy bien. Recogen la ropa los jueves y los domingos y te la devuelven limpia y planchada el mismo día o al día siguiente. Detrás de la puerta del baño hay unas bolsas de tela como de impermeable donde la puedes dejar, y es esa bolsa la que luego entregas.

Por cierto, no sé si he comentado a lo largo de estos días que hay un compañero sordociego en el grupo que ha venido a por su segundo perro guía. Estos días ha tenido un intérprete, pero los domingos, algo que a mí me parece totalmente injusto, no lo tiene, así que, o nos intentamos comunicar con él por gestos haciendo que toque nuestras manos, o se pasaría el día totalmente ajeno a lo que hacemos y decimos. Así que cuando ha entrado a la cafetería, allá que hemos ido un compañero y yo a pedirle que se sentara con nosotros; cómo hablar con él, ya se vería. Mi compañero le ha hecho tocar el respaldo de la silla y él enseguida ha interpretado que le ofrecíamos sitio. Después yo le he escrito mi nombre en su mano en dactilológico y en letras mayúsculas sobre la palma y enseguida me ha identificado, así que hemos empezado una conversación, que aunque lenta, ha sido entretenida. Digo lenta porque yo soy muy torpe para reconocer las letras en mayúscula sobre mi palma, ya que no tengo tanta práctica como él. Después le he preguntado si utilizaba el WhatsApp y hemos encontrado una forma más rápida para hablar cuando no había forma de que yo me enterara de algo. Para manejar el móvil, como ni la vista ni la voz que lee la pantalla le sirven, emplea una línea braille muy pequeña, un dispositivo donde aparecen e en braille el texto de la pantalla del móvil. La misma línea braille incorpora un teclado con el que él escribe. Y no me preguntéis cómo se maneja bien con el perro guía por la calle, pero lo hace, cruzando calles y todo. Le pregunté y me estuvo explicando que él nota mucho las vibraciones del suelo, que para cruzar tiene que tener más paciencia y ayudarse mucho de la gente, pero que con paciencia lo consigue. Por ejemplo, me explicó que el metro y el tren lo percibe por la vibración del suelo. Su perro se llama Hander y en lugar de obedecer a la voz, obedece a gestos de la mano.

Aquí los días pasan volando. Parece mentira que mañana entremos en la tercera semana ya de curso. Y pronto nos volvemos a casa…

7. Todo lo bueno se acaba. Últimos días de curso y valoración personal


Lunes 19 de junio de 2017

Heiby ha empezado la mañana muy divertida porque ha estado jugando con un juguete Kong en la habitación mientras yo desayunaba. En verdad llevamos haciendo este ejercicio unos días, con el fin de que se vaya acostumbrando a quedarse sola para aquellos momentos en los que, sea por lo que sea, haya que dejarlos en casa. Vamos alternando los ratitos en que se quedan solos haciéndolos coincidir con las comidas: en el desayuno mi compañera y yo las dejamos en la habitación con el juguete; en la comida son mis compañeros, los dos chicos, los que lo hacen así; en la cena volvemos a dejarlas en la habitación mi compañera y yo; en el desayuno del día siguiente, mis compañeros,… y así hasta que nos vayamos.

El juguete Kong que utilizamos, creo que se llama Kong Extreme, es como un cono (como si juntaras tres donuts de diferente tamaño) con un agujero en la base por donde se introduce pienso, premios, o la comida con lo que lo quieras rellenar. Es de goma pero bastante resistente, así que al caer rebota. El perro se centra en intentar extraer el relleno de su interior a la vez que se divierte porque cuando se le escapa el Kong se mueve mucho y va rebotando. Se quedan la mar de entretenidos.

La mañana de hoy la hemos pasado en el centro comercial Sanadú, donde ya estuvimos el otro día. Allí hemos vuelto a practicar las escaleras mecánicas y hemos introducido el ascensor. Además hemos hecho la práctica en la que el perro sigue a una persona con la indicación “síguele” a la vez que nos ayudamos de “dobla”, “dentro” y “despacio” para ir ajustando la “persecución” sin perder o adelantar a la persona que va haciendo de guía al perro guía. Aquí el instructor ha querido ver si estábamos atentos y en ocasiones, cuando íbamos por los pasillos repletos de gente y tiendas, me pedía que le siguiera por la izquierda pero él realmente se iba hacia la derecha, así que en realidad había que decirle al perro “dentro”, que como ya comenté, es la indicación para que se vaya hacia la derecha. También ha habido momentos en que me pedía que le dijera “dentro” para que se fuera hacia la derecha pero Pedro se estaba yendo a la izquierda… En fin, que quería hacernos dudar, engañarnos, confundirnos… pero Heiby y yo estábamos atentas y lo hemos hecho muy bien.

Mientras practicaban el resto de los compañeros me he sentado a desayunar en una cafetería un café y un croissant que estaba muy muy bueno. Hoy no he desayunado mucho en la escuela y con este calor… mejor reponer fuerzas.

Por la tarde pensábamos que íbamos a tener otra charla, pero cinco minutos antes de la hora en la que habíamos quedado con Pedro en el vestíbulo de la escuela, él mismo ha ido tocando a la puerta de nuestras habitaciones para avisarnos de que cogiéramos el arnés que íbamos a salir a practicar una ruta porque estaba refrescando y había que aprovechar que no hacía tanto calor para caminar con los perros. Y hasta que no ha parado el motor de la furgoneta no nos ha explicado nada. Se trataba de una especie de merendero de donde partía una carretera sin aceras, por lo que debíamos ir caminando por la izquierda, como indican las normas, controlando que el perro no se fuera hacia el centro de la misma, si no que fuera siempre pegado a la izquierda con la indicación de “dobla”. Heiby y yo hemos salido las últimas, pero ella quería ir la primera, así que entre ir frenándola y que quería adelantar, para lo cual se iba hacia la derecha, no se nos ha dado demasiado bien. Además habían distracciones, y de repente, muchas piñas rodando por el suelo que aparecían de la nada dirigidas específicamente a cada perro… Otro día lo haremos mejor.

Martes 20 de junio de 2017

Último día de curso en la escuela y por Madrid. Mañana nos marchamos a casa para iniciar la fase de adaptación allí y esperar a recibir las clases con el instructor en nuestro domicilio dentro de unos días y según el orden que nos haya tocado, pues somos cuatro y tiene que visitarnos a todos cuanto antes.

Hoy ha tocado Goya, Príncipe de Vergara, Velázquez y Serrano. Calles con muchas tiendas, gente, cruces de cuatro carriles, obras… Pero sin apenas fallos hemos vuelto a la furgoneta donde Pedro nos ha dado la enhorabuena por la ruta tan buena que acabábamos de hacer los cuatro. El ambiente que se respiraba en la furgoneta durante la vuelta a la escuela era muchísimo más animado que el viernes. Lo que yo decía: hay días y días.

Por la tarde hemos estado hablando de la vuelta a casa, qué tenemos que tener en cuenta, cómo debemos hacer el viaje, qué hay que hacer al llegar a casa, qué deberíamos hacer estos próximos días hasta que llegue Pedro y hagamos las clases de seguimiento por nuestras rutas habituales… Ahora todo parece que está muy claro pero veremos mañana cuál es la realidad.

Resulta que me han avisado de que a las 17:00 iba a venir la familia educadora de Heiby, ya que como no pudieron verla el sábado, llamaron desde la escuela y le comentaron que yo ya me iba y hoy era el último día para visitarnos. La educadora que estuvo con Heiby el primer año de vida es una mujer muy agradable que ya ha acogido a varios perros guía anteriormente. Me comentó que hubo un lío con las llamadas para avisarle de que habíamos quedado para el sábado. También estuvo hablándome de lo buena que ha sido siempre Heiby, de que le gusta mucho el agua y unos muñecos de trapo que se venden en Ikea, aunque tengo la sensación de que no son solo esos muñecos en concreto. Al ratito de estar en la cafetería tomándonos un café ella se ha ido y yo he empezado a preparar la maleta, algo que no me gusta nada, y menos con todo lo que tenía que meter porque nos han dado un poco de pienso para llevarnos y yo compré alguna cosilla el otro día cuando vino el vendedor que nos mostró cosas interesantes para los perros.

Hoy ha hecho mucho menos calor. De hecho, desde ayer está refrescando y tenía pinta de que iba a llover. Y así ha sido. Cuando hemos vuelto de cenar hemos comprobado sorprendidos la tormenta que estaba cayendo. Desde el comedor no se escuchaba nada, pero al entrar a las habitaciones con puertas de cristal hasta el suelo para salir a la terraza la cosa cambiaba. Cuando creía que ya había parado un poco he sacado a Heiby al Haz y estando allí ha vuelto a apretar. El poco tiempo que habremos tardado en llegar a la habitación ha sido suficiente para mojarnos enteras.

Creo que ya está todo lo que se puede recoger hoy y guardar en la maleta listo. Mañana nos vamos, y no sé si me alegra eso del todo, pues las cosas cambian y ya no está el instructor para ayudarnos.

Miércoles 21 de junio de 2017

Vuelvo a casa y Heiby viene conmigo. Desayuno, terminar de guardar todo en la maleta, asegurar que no ha quedado nada y rápido para Atocha.

Hoy nos vamos siete personas; el sábado pasado se fueron tres, y el viernes se irán las tres restantes. Esto depende de cada instructor y de cómo realice las prácticas y organice el curso. Además, es mejor así para marcharnos de forma escalonada y que no suponga tanto jaleo.

A las 10:15 o así ya estábamos en la oficina de Atendo de la estación todos mis compañeros y yo junto con nuestros peros “colapsando” ligeramente el servicio. Tras asegurarse que la chica había verificado que todos teníamos solicitada la asistencia y que ya estábamos allí esperando, Pedro se ha despedido de nosotros para acompañar a la otra chica de mi grupo, pues ella es de Madrid y empezaba las clases en su domicilio hoy mismo, en cuanto nos fuéramos nosotros.

Para entrar al tren todo ha ido bien, solo que Heiby ha visto palomitas cerca de la cinta por donde se pasan las maletas y ha querido comérselas. Casualmente, a una mujer que había a mi lado también se le ha caído una galleta y ella se ha lanzado a cogerla, aunque no se lo he permitido. Y luego ha tenido algún despiste que otro con la gente que quería saludarla. Dentro del tren nos ha costado un poco ajustarnos porque yo no quería que se expandiera mucho y molestara al que hubiera en el asiento de la ventana (yo viajaba en pasillo), y tampoco que molestara al de delante, ya que me ha correspondido sentarme en una mesa de cuatro. No podría jurarlo, pero me ha parecido entender que cuando nos hemos sentado Heiby y yo, el viajero que había justo delante de mí ha pedido a un tripulante un cambio de asiento y este último le ha respondido que si habían asientos libres se lo comunicaría en cuanto lo comprobara. Pero luego ya no sé qué ha pasado porque Heiby iba tranquila y dormida y yo he aprovechado para leer, así que he desconectado del asunto.

Supongo que será normal que los primeros días haya momentos también en los que todo va genial, y momentos en los que veas que todo va fatal. Espero que la adaptación a nuestra nueva forma de vida vaya bien tanto para Heiby como para mí ¡y que seamos muy felices! Ahora toca ir reconociendo la zona, ir buscando los sitios para que el perro haga sus cosas, duerma, donde lo vayamos a cepillar, etc y que él se vaya acostumbrando a todo. Y en cuanto venga Pedro a practicar las rutas habituales, para más adelante ir ampliando nuestros límites.

El primer día, cuando llegamos a la escuela, nos pidieron que debíamos de ser responsables con los horarios, con el trabajo que debíamos de hacer, pacientes con los perros, con nosotros mismos,… Pero sobretodo que disfrutáramos de esta experiencia que se nos ofrecía. Que intentáramos aprender de cada situación y cada momento. Han pasado dos semanas y media desde que llegué a Madrid y los días han transcurrido volando. No era un viaje de ocio y aunque hemos descansado poco y cada día estábamos más cansados al acostarnos, creo que en general todos nos lo hemos pasado muy bien trabajando y mejorando con nuestros perros. Y es cierto, como me dijo Pedro justo en un momento que nos paramos antes de entrar al centro comercial, la de cosas que he aprendido en estos días y cómo hemos mejorado desde que Heiby y yo nos conocimos. Y es cierto que nos falta mucho, pero creo que podremos conseguirlo.

FIN

Un Año Después…

"Ya ha pasado un año desde el día en que Heiby y yo nos conocimos. Es difícil comprender la facilidad con la que, desde el primer momento, confié en ella y agarrando el arnés comenzamos a avanzar juntas. Es sencillo cuando la conoces: noble, simpática, juguetona y cariñosa. Tranquila cuando se requiere. Excelente guía en la calle. Mi guardaespaldas en casa. Mi compi. 

Y aunque no todo es perfecto, conocerte ha valido la pena. Somos un buen equipo.
¡Gracias por guiar mis pasos!”

Estas son las líneas que escribí en las redes sociales Facebook y Twitter hace unos días al cumplirse el primer año del equipo que Heiby y yo formamos desde el pasado 6 de junio.

Y es que, aunque con constante insistencia, Heiby y yo hemos ido conociéndonos más, aprendiendo la una de la otra y mejorando notablemente.

Hay días en que Heiby está más distraída y no me atiende, más cansada y le cuesta cumplir lo que le pido, o incluso más animada hasta el punto de querer jugar con todo y todos los perros con los que se cruza. Esos son los días “malos” y la verdad, no son muchos.

Hay días normales: Heiby guía y podríamos mencionar algún aspecto de la ruta puntual que se podría mejorar, pero que sucede muy pocas veces. Por ejemplo, rozar con el brazo a alguna persona, tocar con la mano un bolardo o detenerse en un cruce pero con las patas delanteras ya en el asfalto y no encima de la acera.

Y días muy buenos, en los que Heiby guía haciendo caso a todas las indicaciones, sin distracciones, con un ritmo constante y sorprendiéndome con la facilidad que esquiva los obstáculos o incluso se detiene frente a algunos complicados, como cuando se para frente a un coche mal aparcado que ocupa toda la acera, algo que me sucede habitualmente en la ciudad de Alicante por la zona donde vivo, o las veces que ha esquivado la alcantarilla abierta (y hasta bastante tiempo después, sin estar bien señalizada) que había en el parque donde vamos en la zona de mi trabajo.

Pero también hay aspectos no tan buenos. Como buena labradora, todo le parece digno de ser saboreado, esté sin arnés o vaya guiando. Hay que estar muy pendiente de que no coja nada por la calle, y en ocasiones, llego tarde para sacárselo de la boca. Y su salud es muy buena, pero siempre que se ha puesto mala ha sido de la barriga, aunque tampoco han sido muchas. Los papeles como servilletas, pañuelos o billetes son sus preferidos.

Los calcetines de todos los miembros de la familia le encantan, lavados y bien doblados o usados y olorosos. Y ya le puedes decir que no, que en cuanto haya otro a la vista, aunque esté entremezclado con el resto de ropa sucia o limpia, a por él que irá.

Y a todos los perros les gusta salir a la calle, pero Heiby, que es un poco vagueta, como la pilles entretenida con otra cosa o sin muchas ganas, ya la puedes llamar desde la puerta de casa que puedes estar perfectamente más de un minuto con el arnés y la correa en la mano y cuando aparece y está frente a ti, se gira y se vuelve a meter en cualquier otra habitación.

Son… aspectos en los que hay que seguir insistiendo hasta conseguir modificarlos. Pero cuando ves c´´omo te agradece cada gesto, cada palabra positiva, que le des comida, bebida, que juegues con ella un ratito, cuando ves que está pendiente de ti mirando en tu dirección cuando está tumbada quieta y te alejas, o te acompaña cuando te mueves por la casa, o incluso entras al baño y cuando sales está fielmente esperándote tumbada frente a la puerta haciendo guardia para que nadie te moleste, y cuando le dices “¡choca!” y te da la pata y te lame la mano, pienso que no somos las mejores, pero sí somos compis y formamos un equipo.

Ayuda a mejorar el servicio de Atendo de Renfe

A continuación incluyo un enlace sobre una campaña de change.org en la que se pide un cambio de normativa del servicio de Atendo para personas con discapacidad de Renfe.

Para todo aquel que lo desconozca, Atendo es un servicio de acompañamiento desde su oficina hasta el asiento del tren dirigido a personas con discapacidad que ofrece Renfe tras la compra de un billete para viajar en trenes de media o larga distancia y AVE.

Dicho así suena muy bien. Todo cambia cuando conoces las situaciones con las que tienen que lidiar los trabajadores de dicho servicio, el estrés al que se ven sometidos y los esfuerzos físicos que deben realizar.

Habitualmente un trabajador de Atendo tiene que realizar entre tres y cinco asistencias para un mismo tren que consisten, por ejemplo, en dirigir una silla de ruedas y la maleta correspondiente de la persona, guiar a un ciego o dos, indicar a un anciano mientras arrastra también la maleta de este último y ayudar a una mujer a subir y bajar un carrito de bebé del tren, entre otras tareas. Y todo ello en un tiempo límite y en un espacio difícil, ya que una estación de tren siempre está repleta de pasajeros que dificultan el avance.

Es un trabajo difícil, como muchos otros, y habrá trabajadores que lo hagan mejor y otros que lo hagan peor. Sin embargo no es justo que se vean sometidos a tanto estrés, que tengan que realizar tantos esfuerzos físicos que puedan perjudicarles al tener que llevar tantas maletas y de tanto peso porque la gente no tiene consideración, y a enfrentarse a situaciones conflictivas con los solicitantes del servicio y los familiares porque, bien porque no corresponda, o bien porque no puedan atenderles, los trabajadores se nieguen a realizar el acompañamiento. Y es que, en más de una ocasión he tenido que presenciar discusiones porque personas acuden a solicitar el servicio de Atendo cuando faltan menos de dos horas para que salga el tren, sin una discapacidad aparente ni dificultad para que puedan llevar su maleta, pidiendo únicamente eso, que les lleven la maleta. Generalmente es gente que dice encontrarse en una situación por la que no pueden coger peso, como tener una lesión en el brazo (como si solo tuvieran uno), que dicen tener fibromialgia pero no lo pueden justificar de ninguna manera cuando se les pide algún documento que lo certifique, que quieren que le indique a su familiar ya anciano por dónde tiene que ir al tren y de paso que le lleve la maleta aunque después ese anciano se ofrece a coger la maleta de otro, y muchas, muchas situaciones de este tipo que entorpecen el objetivo real del servicio: acompañamiento de personas con discapacidad.

Son muchas las ocasiones que he solicitado este servicio, y muchas las anécdotas que podría contar. La última vez, como comentaba en la entrada anterior, para volver de Barcelona. El trabajador de Atendo debía acompañar a cinco personas al tren con destino a Alicante, y tan solo faltaban 20 minutos para que partiera. Por suerte, pudieron finalmente repartir los acompañamientos entre dos trabajadores.

Firma la petición que ha propuesto Adrián Rincón Domínguez, en la cual explica perfectamente este problema, si estás de acuerdo en que cambie la normativa del servicio de Atendo y mejorar así la calidad del mismo.

¡Taxi! ¿Taxi…?

El fin de semana pasado, aprovechando los días festivos de Semana Santa, nos escapamos a Barcelona. La intención no era hacer turismo, sino más bien descansar, cambiar de aires y encontrarnos con amigos, aunque también habíamos barajado la posibilidad de visitar algún punto turístico de la ciudad.

Barcelona, segunda ciudad más poblada de España, con gran ambiente creativo e innovador. Ciudad de contrastes. Lugar de gran patrimonio cultural, cuna de importantes artistas, capital del modernismo. Ciudad de playa y montaña, de monumentos, de jardines y parques, de amplia oferta cultural y de ocio, de destacada gastronomía y de buen clima. La ciudad de la moda y la música, la industria, el comercio y los negocios. Y sobre todo, una ciudad que apuesta por la accesibilidad.

El viernes, con intención de no perder tiempo y excusándonos con la norma de “en vacaciones se puede permitir una excepción”, al bajar del tren comimos en el McDonals, restaurante de rescate que se encuentra en la misma estación de Sants. ¡Viva la carne de origen desconocido que se escapa lentamente entre los panes, los dedos llenos del kepchup de las patatas y los ojos lagrimeantes del gas excesivo de las bebidas!

Y la verdad, cumplimos el objetivo que traíamos en mente, ya que descansamos, paseamos, quedamos con amigos y comimos en diferentes establecimientos en los que pude, por fin, probar los famosos calsots entre otros platos y acompañar las tapas con el conocido pa amb tomaca.

Sin embargo, me gustaría centrar el tema del post en una reflexión a raíz de una situación que vivimos Eric y yo cuando nos dirigíamos a casa de unos amigos el domingo a comer: muchas personas alaban nuestra capacidad de movilidad y orientación y nuestras ganas a la hora de querer hacerlo, pero nos imponen ellos mismos las dificultades por ir acompañados de perro guía y ser ciegos. Paradójico: el perro guía que tanto nos ayuda en nuestros desplazamientos y nos ofrece tanta movilidad, por el hecho de ser perro (lo de guía pasa a ser secundario) nos cierra, a su vez, muchas opciones.

Me explico. Tras asegurarnos del transporte que debíamos coger y dónde debíamos realizar el trasbordo nos dirigimos sobre las 11:00h de la mañana a la parada del autobús. Tardamos más de lo habitual en llegar porque creíamos que la parada del bus que queríamos coger estaba en un punto y resultó que estaba “muchos metros más allá”, en la otra dirección. La paciencia es una cualidad importante.

Diría que, como la buena suerte pocas veces está de nuestra parte, el número que queríamos cerró las puertas cuando nosotros llegábamos a la marquesina, ya que el siguiente tardó bastante tiempo en llegar. De todas formas, ni lo puedo asegurar, ni pudimos correr a lo loco para llegar hasta la puerta del autobús y preguntarle si era el que nos interesaba antes de que se marchara.

Una vez montados le preguntamos al conductor en qué parada debíamos bajarnos para ir al Paseo de Gracia. Quiero pensar que lo que sucedió fue una confusión, porque el conductor nos indicó que bajáramos en otra parada que no era la que nos marcaba la aplicación del móvil. Decidimos no hacerle caso y bajarnos en la que el móvil indicaba, pero la megafonía del autobús funcionaba mal y al final, después de tantas paradas, dedujimos que nos habíamos pasado. Preguntamos, y efectivamente.

Nos apeamos en la siguiente parada y gracias, nuevamente, al móvil, pudimos conocer nuestra ubicación para solicitar un taxi mediante la aplicación de My Taxi, pues ya íbamos con retraso y encontrar nuevamente la parada del bus iba a ser una complicación. Quien dice uno, dice dos, o tres, o cuatro… o cinco. Cinco taxis tuvimos que solicitar para poder llegar a nuestro destino.

Lo resumo: pedimos taxi, aceptan, esperamos 10 minutos, la aplicación avisa que llega en breve, se cancela el taxi; pido otro taxi, aceptan, esperamos otros 10 minutos, la aplicación avisa que llega en breve, se cancela otra vez; y la historia se repite dos veces más. Al final decidimos llamar a un teléfono de RadioTaxi que resulta que trabaja con el servicio de My Taxi e informamos que nos han cancelado cuatro taxis y que vamos con dos perros guía. Nos aceptan la carrera y conseguimos montarnos en uno.

Nuevamente quiero pensar que las personas siempre tienen buena intención, porque estuvimos más de 50 minutos circulando por las mismas calles para llegar a un punto, que según Google Maps estaba a menos de 10 minutos y cuyo recorrido no debía costar más de 10 euros, y según el taxista estaba perdido porque su propio Google Maps no le estaba indicando bien y aunque supuestamente miraba la guía, seguía comentando que la calle tenía que estar por donde estábamos yendo. Pasamos varias veces por las mismas calles, como si estuviéramos siempre dando vueltas a un grupo de manzanas. Finalmente activé mi Google Maps (el cual daba las mismas indicaciones que su Google Maps) y al poco tiempo llegamos, aunque con enfrentamiento final con el taxista porque no había parado el taxímetro todo aquel tiempo.

De todo ello me gustaría extraer los siguientes puntos:

  1. Los ciegos no elegimos ser ciegos. Puesto que en numerosos casos no hay posibilidad de ver, decidimos aceptar la ceguera y hacer vida normal.
  2. Puesto que decidimos hacer vida normal, aprendemos a utilizar el bastón para desplazarnos, y posteriormente y según las circunstancias de cada uno, solicitamos el perro guía, ya que supone una “herramienta” de movilidad de mayor ayuda.
  3. El perro guía, como indica su nombre, guía a la persona evitando obstáculos y encontrando las referencias que el usuario le solicita para avanzar en un recorrido y ayudarle así en los desplazamientos de su vida diaria.
  4. Los ciegos en su vida diaria y normal trabajan, van al médico, se toman cervezas en el bar (después del médico) y acuden a la clase de yoga de las 20:30.
  5. Por lo tanto, el ciego necesita a su perro guía para hacer todo ello. No es una mascota que se deje en casa cada vez que vamos a algún sitio, sino que es una ayuda para llegar a ese sitio. No es un perro que puedas dejar aparcado en el Parking del centro comercial mientras entras a comprar un televisor, porque te ayuda a moverte por el edificio y llegar a la tienda. No es un capricho, porque con el bastón somos capaces de movernos, pero con el perro guía somos capaces de más.

¿Lo entiendes?

¿Seguro?

En España se redactó la ley de acceso de los perros guía a los espacios y medios de transporte de uso público. Si no existiera, tendríamos el acceso vetado a todo establecimiento o transporte público, porque es más fácil negarle la entrada a un perro guía que pueda causar quejas del resto de personas, que enfrentarse a ellas en defensa de la igualdad de posibilidades y oportunidades. Y eso supondría un retraso en la sociedad. Lo llaman discriminación.

Así que entiendo que un taxista se moleste porque entre con mi perro guía a su coche y luego tenga que retirar los pelos que hayan quedado pegados, pero quizá a la próxima vomite como los insensatos que beben sin límite por las noches y vuelven a casa en taxi sin que le hayan cancelado 4 o 5 antes de montarse en uno. Así podrá decidir qué le molesta más.

Viaje a la estación de esquí de La Molina

¡Buenas lectores! Aunque de este viaje hace ya un año, tenía pensado escribir una publicación, así que allá va. Mejor tarde que nunca… 😉

Hace unos años tuve la oportunidad de probar el esquí, aunque tan solo unas horas, ya que habíamos planeado esquiar sábado durante todo el día y domingo, y por problemas meteorológicos, únicamente pudimos esquiar domingo. Y he de decir que me quedé con ganas de más.

Para el pasado 10 de enero de 2017, aprovechando las vacaciones, organizamos una escapada a la nieve. Para mí era la primera vez que viajaba sin un acompañante vidente, lo cual le daba más emoción al asunto. Dos ciegos y un perro guía, ¡ole! Buscamos una estación en la que se ofreciera esquí accesible para todo tipo de discapacidades, reservamos hotel y planeamos la forma de llegar hasta allí.

Nos decidimos por la estación de La Molina, en el Pirineo catalán, situada cerca del municipio de Alp (comarca de la Baja Cerdaña), la cual reunía todos los requisitos y además, habíamos escuchado buenas opiniones en cuanto al esquí accesible. Gracias a la página web de la estación de esquí de La Molina, comenzamos a investigar los posibles hoteles donde alojarnos, la ubicación del Centro de Deporte Adaptado y los restaurantes cercanos donde parar a reponer fuerzas.

Desde laescuela de esquí adaptado también nos ofrecieron mucha información. Nos aseguramos de los precios por monitor y persona y concretamos las clases.

A pesar de tenerlo todo bien organizado y claro, como en cualquier viaje, pueden surgir imprevistos. He de decir que al bajar del tren que nos llevó de l’Hospitalet de Llobregat a La Molina, nos fue difícil encontrar el camino al autobús que nos llevaría a la estación de esquí. Se trata de un andén bastante solitario, sin una taquilla de información donde poder preguntar. Por suerte bajaron del tren varias familias que también iban a nuestro mismo hotel y nos fueron indicando el camino hasta el autobús y del autobús hasta el mismo hotel. Realmente el camino no tiene ninguna dificultad, y una vez lo conoces, localizar las escaleras metálicas que descienden del andén al aparcamiento del autobús es sencillo, y al apearse del autobús una vez ya en el parking de la estación, localizar el hotel, preguntando a cualquier persona, es todavía más sencillo.

El hotel donde nos alojamos fue el HG La Molina del cual únicamente puedo hacer una valoración muy positiva: buena estancia, buenos servicios y personal muy amable y servicial.

Allí esperamos a que la recepcionista atendiera a las familias que nos habían ayudado. En esos minutos temí que tuviéramos problemas para poder alojarnos en el hotel, pues se nos acercó un chico para comentarnos que el perro no podía acceder. A pesar de que le explicamos que era guía siguió sin cambiar de opinión, así que le preguntamos si era el responsable. Nos comentó que no, y entonces dejó de insistirnos. Llegó nuestro turno para el check in y he de decir que nadie más nos puso problemas. Nos dieron información del menú y horario del restaurante y la cafetería, nos hablaron del precio del spa y su ubicación (y que no tenían ningún problema en echarnos una mano allí) y nos indicaron dónde estaba nuestra habitación. ¡Todo perfecto!
Como eran más de las de las 14:30 decidimos comer algo en un bar de bocadillos y hamburguesas que nos recomendó, por su cercanía, la recepcionista del hotel. En general, el trato que habíamos recibido hasta el momento del personal del hotel, de los camareros del bar e incluso de la gente que había por la estación, estaba siendo muy buena.

Por la tarde decidimos aprovechar, ya que no tendríamos las clases hasta el día siguiente, y bajamos al spa, a partir de las 19:00 que es la hora que nos habían recomendado porque era cuando menos gente había y más tranquilo se estaba. La verdad es que, María, la chica encargada, no tuvo problema en acompañarnos a cada tiempo a una parte diferente del circuito y estar pendiente a cada rato para ir cambiando. Esa noche, además, probamos el menú especial que ofrecía el restaurante. Era algo así como un entrante de chips de plátano que estaban riquísimas, una ensalada en un cuenco hecho de una lámina crujiente de queso de cabra y con una base más gruesa de queso de cabra también, y pescado con verduras y salsa.

Un momento muy bonito del viaje fue cuando bajamos por la noche antes de acostarnos a la calle para que Mike correteara un poco por el aparcamiento y la plaza que se extendía frente al hotel, pues estaba el suelo completamente nevado y seguía nevando. ¡Hasta a Mike le gustó poder rebozarse en la nieve y comérsela! Todavía recuerdo sentir el contraste del calor en el cuerpo gracias a la ropa de abrigo y la frialdad de los copos al caer sobre la cara y las manos desenguantadas mientras caminábamos en la oscuridad de la noche, iluminada tan solo por los focos de luces de los edificios del hotel y restaurantes de alrededor y acompañados de un silencio casi completo, roto sólo por el sonido de nuestros movimientos, los juegos de Mike y el murmullo de voces lejanas.

El miércoles bajamos ya listos con la ropa de esquí a la puerta del hotel, donde habíamos quedado sobre las 9:00 con Marc, un monitor de la escuela de esquí accesible, después de tomar un desayuno de buffet libre en el que los camareros no paraban de ofrecerse a traernos lo que quisiéramos. Marc nos indicó que subiéramos a la furgoneta. Nos esperaba un paseo de unos 15 minutos hasta la escuela, aunque antes paramos a recoger el material de alquiler.

Una vez en el Centro de Deporte Adaptado, echas las correspondientes presentaciones, material listo y perro guía felizmente instalado, nos dirigimos hacia la pista de Debutantes (nuestro nivel de esquí, por el momento, es más bien nulo) cada uno de nosotros con un monitor: Marc y Eric y David y yo.

La clase comenzó como comenzaría para cualquier principiante, solo que nos permitieron tocar bien los esquís para reconocer su forma. Por lo demás… aprender a ponérselos y quitárselos, a deslizar y a frenar en cuña, y al cabo de un tiempo, a girar.

Dividimos la clase en dos partes con una duración de dos horas cada parte y un descanso de una hora entre medias: de 10:00 a 12:00 y de 13:00 a 15:00. Tuvimos suerte porque en la segunda parte pudimos disfrutar de una pista bastante despejada ya que la gente estaba comiendo. Al final de las cuatro horas estábamos ya cansados, ¡pero lo pasamos genial!

Tras despedirnos de los monitores y del personal del CDA, Marc nos acompañó de vuelta al hotel. Comida en otra cafetería cercana y a descansar hasta la hora de cenar, que bajamos a la cafetería del mismo hotel. Terminamos el día con un calentito Cola Cao que ayudara a combatir el frío y el cansancio.

El jueves terminaba nuestra breve escapada, así que la dedicamos a recoger las cosas, a desayunar nuevamente en el buffet a tope y a volver a Barcelona. Desde el CDA se ofrecieron a acercarnos al andén solitario por donde pasaría nuestro tren, así que nos facilitaron el tener que buscar el autobús de vuelta allí en la estación, y el tener que llegar hasta el andén una vez fuera del autobús.

Aspectos Positivos:

  1. Pudimos disfrutar del esquí y la nieve gracias a los monitores guía y a la ayuda que nos ofrecieron en todo momento.
  2. Personal muy amable en el hotel dispuesto a ayudarnos en cualquier momento, guiarnos por el spa y servirnos cuanto quisiéramos y más en el desayuno.

Aspectos Negativos:

  1. Cuando desciendes del tren adviertes de que el andén está completamente vacío y no hay una taquilla de información donde pedir ayuda en caso de no haber nadie. La sensación de soledad, si no hay nadie en el andén que haya descendido junto contigo, puede llegar a ser un poco agobiante. Quizá lo mejor sea contratar un taxi que espere la llegada del tren para ir directamente al hotel.
  2. Creíamos que el CDA estaba cerca del hotel, o eso nos había parecido al leer la información ofrecida en la página web. Pero la sorpresa nos la llevamos cuando Marc nos pidió que subiéramos a la furgoneta con la que recorrimos un trayecto de unos 15 minutos. Es muy difícil llegar hasta la caseta del CDA de forma autónoma y sin tener que solicitar un taxi o depender de alguien que conduzca.
  3. Las clases con monitores especializados en esquí adaptado a cualquier discapacidad requieren de una atención concreta e individualizada y de una cualificación superior a la habitual, lo cual se traduce en un coste económico mayor que para alguien que no requiere de un monitor guía. Por ejemplo, esquiar 4 horas en la estación de La Molina se traduce en unos 190 euros por persona, que junto con el resto de gastos, se convierten en una escapada de tres días de un coste algo mayor. Si no recuerdo mal, tienen una oferta de 10 horas por unos 300 y pico euros, lo cual supone una ventaja si vas a dedicar más horas de
    esquí.


A pesar de los aspectos anteriormente mencionados, creo que lo pasamos muy bien. Sin duda, volvería a repetir.

Casualmente el mismo día que nosotros llegamos a La Molina, Nuria, creadora del blog Six Sense Travel (@6STravel en twitter), y su marido Juanjo disfrutaron de la posibilidad de esquiar en la misma estación y con los mismos monitores que al día siguiente nos ayudarían a Eric y a mí. A continuación adjunto el enlace directo a la publicación en su blog, en la que además, podrás ver un vídeo de su experiencia en la nieve.
Esquí adaptado en La Molina en el blog de Six Sense Travel

¡Hasta la próxima!

El pensadero de Lara

“— ¿Esto? Se llama pensadero —explicó Dumbledore—. A veces me parece, y estoy seguro de que tú también conoces esa sensación, que tengo demasiados pensamientos y recuerdos metidos en el cerebro.

— Eh… —dijo Harry, que en realidad no podía decir que hubiera sentido nunca nada parecido.

— En esas ocasiones —siguió Dumbledore, señalando la vasija de piedra— uso el pensadero: no hay más que abrir el grifo de los pensamientos que sobran, verterlos en la vasija y examinarlos a placer. Es más fácil descubrir las pautas y las conexiones cuando están así, ¿me entiendes?

— ¿Quiere decir que esas cosas son sus pensamientos? —preguntó Harry, observando la sustancia blanca que giraba en la vasija.

— Eso es —asintió Dumbledore—. Déjame que te lo muestre.”

Rowling, J.K. Harry Potter y el cáliz de fuego

Mi pensadero; un espacio donde poder verter pensamientos, recuerdos, vivencias y experiencias, historias, relatos y todo lo que me lleve entre manos; porque gracias a ellas puedo descubrir el mundo.